13 Agosto 2020 | 11:22

Alberto Fernández anunciará que la vacuna de Oxford se producirá en Argentina.  

Sociedad

B. y la responsabilidad social de Cristina Fernández

B. y la responsabilidad social de Cristina Fernández

B., en su visita al Vaticano, con el Papa Francisco y Axel, su cantante preferido.

Alejo Leal

 

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Muchas veces, se asocia la Responsabilidad Social Empresaria solo a las grandes organizaciones. En general, son ellas las encargadas de comunicar sonoramente sus planes vinculados a esta dimensión: la conciencia de integrar una comunidad en aspectos que van más allá de los estrictamente relacionados con objetivos comerciales.
Sin embargo, y sin ninguna estadística a mano que soporte estas afirmaciones, considero que son las pymes las abanderadas de la RSE, al menos en nuestro pobre país, la Argentina.

B. es una chica que hace poco cumplió los 18. La vida no fue generosa con ella. Desde hace 7 años padece el mal de huntington (me resisto a la regla de escribir con mayúscula a las enfermedades, en un módico intento -el que alcanzo- de disminuirlas). Esta patología hereditaria es una de las que más se ensaña con sus víctimas. Su poder daña, frecuentemente, a numerosos miembros de una misma familia, limitando no solo la expectativa de vida las personas sino los recursos con los cuales su entorno puede intentar, al menos, paliar sus efectos devastadores.
Entre otras limitaciones, B. ya no puede caminar. Este mal neurológico, el que se llevó a su padre poco tiempo antes de celebrar sus 15, ya inutilizó sus miembros inferiores. Para desplazarla, los familiares -los que todavía pueden- deben tomarla en brazos.
Cuando no está acostada, B. pasa sus días sobre una silla de madera. El huntington se conoce vulgarmente como el baile de San Vito, ya que provoca extraños movimientos involuntarios. Para que no se caiga por ellos, B. debe ser atada a esa silla.

Su golpeado, golpeadísimo, entorno no pudo desatar la maraña de pasos formales que posibilitarían la obtención de una silla de ruedas.

Y ahí, como cuando en alguna localidad del interior descubren que es tiempo de dar una mano de pintura a la escuela, arreglar la plaza, o mantener activo el alumbrado, aparecen las pymes y los comerciantes del barrio, siempre listos a dar una mano sin ninguna acción de comunicación posterior, para mejorar un poquito el mundo nomás.

Pasado mañana, la cotidianidad de B. será un poco menos áspera. La ortopedia que ya trabaja con sus medidas entregará en domicilio una silla, la mejor que podría conseguirse. Cuando se enteró de esta historia, Cristina Fernández de Basilotta, la dueña de Alfajores Guaymallén, resolvió la situación en menos de dos horas. Nuestro Estado, todos nosotros juntos y las reparticiones específicas, no pudimos.

Esta acción no va salir en ningún reporte de las (numerosas) publicaciones dedicadas a la responsabilidad social. Sin embargo, creo que la vale la pena hacerla conocer, aunque difundirla me haga violar el absoluto secreto que impuso como condición.
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Fecha: 05/07/2020

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