18 Junio 2019 | 16:39

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Capturas de la ciudad

La segunda vida de los autos

La segunda vida de los autos

Taller 4x4, avenida Caseros 3951.

En Boedo, un taller hace realidad los deseos de muchos fanáticos de los fierros. 

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Son incontables los enamorados de los autos. Algunos elegidos logran plasmar el sueño atesorado, muchas veces, desde la infancia: tener un auto personalizado, construido a imagen y semejanza de las mejores fantasías.

Los que espiamos ese mundo con la ñata contra el vidrio, en este caso de las ventanillas, seguimos publicaciones y programas de tuning.

Sin embargo, nuestra ciudad permite vislumbrar esos vehículos de ensueño en 3D en el porteño barrio de Boedo.

Salgo a caminar porque lo necesito y me hace bien. Se vuelan los pájaros y, mientras hago algo que se arrima a la vida sana, pienso y acomodo la estantería de los líos que me esperan en la semana. Los destinos son variados. Un día puede ser Mataderos y otro barrio norte, Paternal o Flores, Caballito o Palermo, Balvanera o San Telmo, Almagro o Parque Chacabuco. Por muchas razones Parque Patricios entra seguido en la hoja de ruta. El parque en sí y la agilidad de la línea H que me ayuda a alcanzar otros compromisos lo convierten en un destino atractivo.

Pero tengo que confesar una intención escondida: el camino me hace atravesar Boedo, y siempre elijo el rumbo que lleva a la vereda norte de la Avenida Caseros al 3900 porque guarda para mí un espacio estimulante, el taller 4x4.

Ahí se construyen autos “customizados”. La generosidad de sus portones me permite seguir el progreso de decenas de proyectos. No podría asegurar que nazcan de un tablero –mis ojos no llegan hasta la oficina-, pero con o sin ese paso formal el diseño es osado, y la fabricación es fruto de enorme maestría artesanal.
Lo tengo absolutamente chequeado. Muchas veces vi como un amasijo de chatarra depositado en la calle se convierte, laboriosamente, en un modelo de colección, protagonista de festivales o exposiciones.

El desafío de este momento es altísimo. Ayer vi un viejo Ford Fairlane portacoronas. Hacer de ese carro que de solo pasar al lado genera aprensión un coche apetecible es tarea de elegidos.
Nada que no puedan lograr estos muchachos. Ya puedo imaginarlo devenido un convertible digno de ser conducido por Philip Marlowe, con un cigarro entre los labios y una rubia platinada a su lado.

Convencido de que quiero trabajar ahí cuando sea grande, me despido hasta el próximo paseo. 
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Fecha: 17/03/2019

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